Hay una foto de diciembre de 2016 que no colgamos en la tienda: Ekaterina montando un ramo sobre una mesa plegable en el garaje de mis padres, y yo al lado con el portátil, programando la primera versión de la web. Las flores y el código, la misma tarde, en el mismo garaje. Casi diez años después seguimos haciendo exactamente lo mismo — solo que el garaje ahora es un taller en el Coll d'en Rabassa y el portátil se ha vuelto bastante más listo.
Nos preguntan a menudo cómo una floristería de barrio compite con las grandes plataformas de envío de flores. La respuesta corta es que no competimos igual. La larga tiene que ver con lo que decidimos automatizar y, sobre todo, con lo que decidimos no automatizar nunca.
En este artículo
Lo que jamás va a hacer una máquina
El ramo. Punto.
Cada ramo que sale de nuestro taller lo monta una persona, con la flor que ha llegado esa semana, mirando cómo se abre cada tallo y decidiendo qué combina con qué. Eso no es nostalgia: es que la flor es materia viva y ninguna máquina sabe todavía que estas hortensias aguantarán tres días más si se cortan hoy de otra manera. Ekaterina lleva desde 2016 afinando ese ojo con las manos, ramo a ramo.
Tampoco automatizamos la última llamada. Antes de salir a entregar, alguien de aquí llama para asegurarse de que hay alguien en casa. Cuando el pedido es para un tanatorio, alguien confirma la sala. Esas dos llamadas son la diferencia entre un ramo entregado y un ramo abandonado en un portal, y no pensamos delegarlas.
Bloomi, o el drama de la tarjetita
Si has enviado flores alguna vez, conoces el momento. Tienes el ramo elegido, el pago hecho, y de repente un recuadro vacío que dice «escribe tu dedicatoria». Y ahí te quedas. Porque decir lo que uno siente en cuatro líneas, a un padre que cumple años o a una amiga que acaba de perder a alguien, es sorprendentemente difícil.
Era, con diferencia, donde más gente abandonaba el pedido. Así que construimos a Bloomi, un asistente que ayuda a escribir esa dedicatoria: le cuentas de qué va —quién es, qué ocasión, qué tono— y te propone maneras de decirlo. No escribe por ti: te desatasca. La mayoría de la gente coge una propuesta y la retoca hasta que suena suya, que es exactamente lo que queríamos.
Y como lo que quieres decir no siempre cabe en una tarjeta, el editor se adapta a lo que escribas: si son cuatro líneas, va en la tarjetita de siempre; si te arrancas y aquello se convierte en una carta, pasa solo a formato folio y la entregamos impresa con el ramo. Nadie tiene que recortar lo que siente por falta de espacio.
También atiende nuestro WhatsApp. Cuando alguien escribe a las once de la noche preguntando si llegamos mañana a Sóller, hay respuesta al momento. Si la cosa se complica —una entrega urgente a un velatorio, una boda, un pedido raro— la conversación pasa a una persona sin que el cliente tenga que repetirse. La tecnología atiende; nosotros resolvemos.
Cuatro idiomas en una isla de paso
Mallorca tiene una particularidad que marca cómo trabajamos: la mitad de nuestros clientes no vive aquí. Un hijo en Múnich que quiere flores para su madre en Palma. Una pareja inglesa que se casa en una finca de Deià. Alguien en Moscú que envía un ramo a un hotel de Illetas.
Atendemos en español, inglés, alemán y ruso, y la tecnología nos permite hacerlo bien y rápido en todos ellos — no con un traductor automático pegado en la web, sino cuidando que cada mensaje suene natural en su idioma. Para un negocio de dos personas y un equipo pequeño, eso hace diez años era sencillamente imposible.
La web nos la hicimos nosotros
La otra cosa que hemos hecho con inteligencia artificial es construir nuestra propia web, pensada desde las necesidades reales de una floristería — las que vivimos cada día en el mostrador. No una plantilla donde encajar el negocio a martillazos, sino al revés: una tienda que entiende que hay pedidos que salen en dos horas, que un centro funerario necesita una cinta con un nombre bien escrito, y que en agosto media isla está en un hotel distinto cada semana.
La última pieza ha nacido igual: de una idea de mostrador y de programarla con IA. Un calendario de fechas señaladas: apuntas los cumpleaños y aniversarios que no se te pueden pasar y te avisamos por email unos días antes, con tiempo para que las flores lleguen ese día. Porque muchas veces un ramo no se queda sin enviar por falta de ganas, sino por acordarse tarde.
No lo contamos por presumir de tecnología. Lo contamos porque creemos que es una noticia razonablemente buena para cualquier negocio pequeño: hoy, con ganas y cabezonería, un taller familiar puede permitirse herramientas que hasta hace nada eran cosa de empresas con departamento entero.
Lo que mide si funciona
Nosotros lo medimos de una forma bastante poco tecnológica: por las reseñas. Somos 4,7 sobre 5 con 384 opiniones en Google y 4,8 con 240 en Trustpilot, y las leemos todas. Cuando alguien escribe que su madre lloró al abrir la puerta, ese día ha ido bien.
Al final, todo esto va de lo mismo que en 2016 en aquel garaje: que la flor llegue fresca, a tiempo, y con las palabras adecuadas escritas en la tarjeta. Lo demás son herramientas.
Ekaterina y Sergio — Floristería Mallorca, Coll d'en Rabassa (Palma)
¿Enviamos flores de tu parte? De la dedicatoria nos encargamos juntos.
Floristería Mallorca · Tel. y WhatsApp: 658 838 056 · info@floristeriamallorca.com · Carrer del Cardenal Rossell 73, Coll d'en Rabassa (Palma)
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